miércoles, 22 de marzo de 2017

EL DIA QUE FUI DESPEDIDO

Hace unos días, recibí una noticia no tan agradable, en la empresa multinacional donde estaba laborando, una noticia de la cual sabía que iba a suceder, pero no estaba listo para la manera y el tiempo como esta se presentó. Recuerdo que el viernes pasado, me citaron en la oficina de uno de los jefes, que casualmente estaba de vacaciones. Paso seguido se sentaron conmigo el jefe de área y la coordinadora con la cual estaba desempeñando mis labores y me comunicaron la noticia de la finalización del contrato a término fijo que llevaba con la compañía.

A partir de ese momento, sucedió que ya no hacia parte de la compañía, y me solicitaron en ese mismo instante que entregara mis carnets de acceso y recogiera mis cosas del escritorio de inmediato; para esa actividad solo me dieron cinco minutos, minutos en los cuales, la coordinadora de trabajo estuvo vigilante que no tocara el computador y que recogiera la mayoría de las cosas y las empacara. No se me permitió despedirme de mis amigos, tampoco poder hacer una entrega de mis actividades a mi otro compañero, que se supone va o iba a cubrir mis actividades. De esta manera la supervisora me escolto a la puerta, dejándome solo y todo empacado, dejándome en claro con un mensaje tácito que no volviera a entrar jamás.

Antes de continuar con este relato, debo mencionar que no se hará referencia a la compañía, ni a las personas involucradas, pues mi objetivo no es señalar a las personas, sino denunciar un hecho para que no vuelva a ocurrir.

Dicho lo anterior, los momentos siguientes me sentí con un perro, como si hubiera sido un ladrón que se robó algo de la compañía que no lo devolvió, y cuyo acto de supuesta deslealtad, me hubiese marcado para ser despedido de tal manera. Ni siquiera me dijeron las verdaderas razones por las cuales había sido despedido, solo se limitaron a decir que se había terminado el contrato, y que recursos humanos no lo va a renovar. Tome un poco de aire, y entre la satisfacción que me producía, haberme librado de un yugo de jefes y de desórdenes administrativos, en los cuales, las cabezas bajas y los que hacemos parte de la comunidad obrera vestidas con sastres y ropa medianamente casual, terminamos pagando los platos rotos, los cuales se nos señala por parte de los jefes de todos los errores operativos que sucedan, para poder cubrir su falta de coordinación. Al mismo tiempo tenía la certeza que iba a ser un número más de las falsas estadísticas de desempleo que adorna el DANE, para dejar bien al parado al gobierno son su ineficacia e inequidad social. Para aquellos que nos leen de otros países, DANE son las siglas de Departamento Administrativo Nacional de Estadística en Colombia.
Fui a almorzar a la cafetería del edificio por última vez, al lado de un televisor que anunciaba las típicas noticias amarillistas de los muertos, los robos y las masacres, y me encontré con una compañera a quien me despedí de ella y le conté lo sucedido. Me desahogue en ese instante, lo que no pude hace antes, ya que no estaba preparado para ese golpe sustancial que me dejo noqueado en una pelea que esta vez Goliat gano a David. Solo que será una victoria breve.
Después llegaron los demás compañeros, con la perplejidad que les trajo aquel suceso, y entre el morbo y la nostalgia, hipócritamente se despidieron uno tras otro, para no volverlos a ver. Las frases más rimbombantes en aquel momento fueron: “que embarrada”, “que mal”, “no lo puedo creer” y “que injusto”. Son solo comentarios anecdóticos, sazonados con miradas de desconcierto y miedo. Por mi lado, a pesar de la sensación que tenía, me sentía bien y lleno de valentía, porque entendí que mi ciclo había terminado, y era el momento de iniciar otro. Luego me dirigí a recoger mi bicicleta y emprender el camino a mi hogar, en donde tuvo que enfrentar a mi familia con la noticia, algo intempestiva, ya que mi hermana la habían despedido de su lugar de trabajo, y ambos somos los que sostenemos los gastos del hogar.

Ya contada toda esta historia, a continuación voy a hacer una serie de reflexiones que quizás a ustedes les sirva también para sacar las cosas buenas y malas como lo he venido haciendo en la transición de los presentes días. Esta situación realmente para mí no es nueva, no me sorprende, solo me deja más enseñanzas que las tuve anteriormente con esta dantesca escena. No hay que armar una tragedia en un vaso de agua, no hay que desmoralizarse, no hay que tirar la toalla, simplemente es una piedra que se nos interpone en el camino, y solo debemos cruzar. Cuando tienes la certeza que nadie te va a ayudar, que tus familiares te dan la espalda, que mucha gente se aleja de ti, y no te da un mísero consuelo para afrontar esta situación, es cuando realmente comprendes que está casi solo (solo tenemos un arquitecto de la vida que nos acompaña, llámenlo simplemente Dios), y debes luchar contra viento y marea para no estar muerto tirado debajo de un puente pidiendo limosna.

Otra de las cosas que empiezas a comprender, es que tienes una familia cuyo apellido supuestamente tiene un asqueroso linaje, que se puede utilizar como papel higiénico para botar en el inodoro y bajar la cisterna del mismo. Nadie de ellos te ayudara porque eres un proscrito para ellos y lo serás por siempre. Debes sacar la fuerza de donde no la tienes para luchar y seguir adelante, mirar hacia el mundo, demostrando todo tu coraje y orgullo para hacerte un hueco en el mismo. Fue como de esta manera obtuve un título y una tarjeta profesional, que solo espero me sirvan para obtener experiencias y que las cosas dejen de ser tan luchadas como lo han sido.

No es el fin del mundo y no es el mismísimo “Armagedón”, si tienes un poco de maíz pira y una agua de panela, como a mí en ocasiones me toco comer, date por bien servido, recuerda que hay mucha gente que se acuesta con el estómago vacío y que no sabe si mañana amanecerá.

Pase lo que pase, no dejes que las compañías nacionales y multinacionales te subyuguen, te sometan, te arrinconen por no ser una rata de laboratorio que hace excelente su trabajo y terminen de matar tus sueños y tranquilidad a cambio de unos pesos. No dejes que la incompetencia de las cabezas de una organización, te llenen de estrés como me paso a mí, que me toco tomar más de 40 gotas de Valeriana para poder soportar las inclemencias del mal funcionamiento de los sistemas, que finalmente son atribuidos a los empleados, y así los jefes se sacuden la suciedad y quedan totalmente limpios. 
Hubiese podido llegar más alto en esa organización si hubiera querido, si me lo hubiera propuesto, pero resulta que la verdad para ellos no es tan importante. Por lo que fui víctima de la sinceridad, de no prestarme para sus juegos de Lobby interno, o el típico lambetazo a los superiores, para congeniar con ellos, y ser perdonado por mis errores. Mi mama siempre me enseño el valor de la honestidad y admitir las culpas, responder ante los errores con la cabeza en alto. Muchos de los que quedan allá, trabajan con la cabeza agachada muchas veces por la necesidad de sus familias, pero aun así me negué a ser humillado. Por eso cuando tuve la oportunidad de expresar lo que les quería decir en la cara, no desaproveche la oportunidad de hacerlo, a sabiendas que me podría costar mi puesto, pero es mil veces preferible esa posición que ser un hipócrita y mediocre ser humano.

¿Después de esto que queda?, nada. Solo seguir adelante con mi proyecto de vida, porque ella sigue adelante con nosotros, esperando que seamos valientes y luchemos por nuestra felicidad y nos acobardemos ante esta situación.

Escribo estas palabras articuladas con mis pensamientos, con la finalidad que se lleven un mensaje para sus vidas y se den cuenta que nunca hay que darse por vencido. Realmente hay cosas peores que esto. Estoy vivo y es un milagro que celebro cada día más y más, un día para luchar existir y vivir.